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Apache 39
José Manuel Guerrero Padilla

Contra Escila y Caribdis - Twoning

José Manuel Guerrero Padilla

revista@apache39.com
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"GUERRA"

"GUERRA"

He hecho una pausa, he escrito más de una docena de artículos de Twoning, un tema del cual me he encariñado, pero hoy siento que estoy perdiendo algunas batallas… por ciertas razones… hoy quiero hablar de guerra.

Es viernes por la noche. Llegué hasta aquí sin saber bien cómo, después de una semana que puedo catalogar para el olvido. Tengo encendido el televisor. El barullo de un partido de futbol americano colegial alivia un poco el vacío de mi habitación y mi soledad.

Hoy fue un largo día. Como de costumbre, en estas últimas semanas estuve revisando desde temprano las noticias, temiendo que el mundo continuara oscureciéndose por esos enormes nubarrones que amenazan con la peor de las guerras.

Después de saciar mi curiosidad y calmar un poco mis temores, comienzo mi día. ¿Cómo cargar con una sonrisa que no nace de dentro? Poco después del desayuno llego a la fila del banco, pretendiendo amabilidad aunque consternado por dentro; por la guerra, y mucho más por mis propias guerras. Yo, haciendo fila en “paz” y tranquilidad, cuando al mismo tiempo, quizá, toneladas de bombas son arrojadas en un país lejano, haciendo de él un infierno. C’est la vie. Siria, que posee gas natural, y que es musulmana en su mayoría y que está muy cerca de la “tierra prometida”…

Más tarde estoy en un café tan solitario como yo, en esta semana. Ya tomé bastante de esa bebida en el desayuno, solo será un té. No deseo experimentar un estado que combine irónicamente, alteración, depresión y además una dosis considerable de cafeína. No ha llegado aún mi taza a la mesa cuando ya estallo en reclamos a la vida, pues no puedo llevar a cabo una transacción a través de mi computadora. Ya me escucharán, tomo mi celular, mientras que a mi cabeza viene un pensamiento que remueve mi interior como lo haría con un gusano una lluvia de limón. Entonces pido mucho más calma y prudencia para aquellos en esas posiciones de poder que son capaces de cambiar el rumbo de esa guerra aparentemente lejana.

Los conflictos no han cesado durante siglos, solo que en estos días amenazan con escalar a niveles más sanguinarios y brutales de los acostumbrados. Sí, en verdad siento muchas ganas de gritar y reclamar…

Son pasadas las dos de la tarde, necesito un respiro, un breve descanso. Mi mañana la pasé literalmente en bancos, resolviendo pequeñas cuestiones que se tragaron las horas; además de cruzar de un punto a otro de la ciudad teniendo que sufrir las impertinencias de un tren que no se cansa de ir y venir. No tengo el menor indicio de hambre y prefiero una siesta, una breve desconexión de la realidad.

Si llegas a tener la idea de que hay quienes conspiran contra los demás, eres un conspiranóico.  ¿Creer en conspiraciones?, nadie sería capaz de conspirar, ¿cuándo se ha visto eso?, nunca. Dos gigantescas torres cayeron en 2001, pero todo fue causado por el combustible, claro está, incuso un edificio que no fue golpeado por nada; no hay razón para pensar en esas cosas… La maldad en el hombre existe, ¿quién lo puede negar?, pero es llana y clara, y por supuesto que no es dada a confabular… ah, y solo le gusta vestirse de turbante… La ironía me ayuda a destilar, un poco, mi frustración.

Esta es una guerra religiosa, al menos así nos la han querido vender. Pero muy seguramente así es, ¿no es acaso la mayoría del planeta creyente?, ¿y dónde está nuestro dios, entonces?, ¿quién es? Nuestro dios, al que decimos adorar, es un dios miserable, cruel y sanguinario; todo un tirano. Y si no llega a tanto, si llega a ser un dios cómodo, socialmente aceptable y conveniente; o se torna en ese dios lejano, sentado en su trono, impaciente y dado a la ira y al juicio… es preferible mil veces ser ateo y renegar de él y de su apetito por la muerte… tengo ganas de gritar…

… como esa gente llena de odio y sedienta de venganza, ¿y cómo prohibirles eso?, su derecho a odiar y a saciar sus ansias. Tengo ganas de escupir lo que siento, mi impotencia, mi desesperanza… estoy perdiendo la batalla y siento mi frustración hervir dentro de mi.

Estoy dentro de mi oficina, y me doy cuenta que más que ordenar papeles y cuentas, estoy esperando… pues así es… esperando a ver si los poderosos nos hacen el favor de regalarnos un poco mas de “paz” y tiempo-tierra, antes de que se les ocurra invadir otro país y crear otra guerra, antes de que intenten subyugar a otros pueblos y esclavizar más a las naciones… o quizá, acabar por fin con el planeta. Unos cuantos altaneros, embrutecidos de poder y ebrios de soberbia nos arrastran a la locura. Imbéciles que se sienten elegidos por la vida o por dios o por el universo, para pisotear a los demás.  Desde hace varios años que he estado hurgando en la red, en las revistas, en los diarios, buscando pistas, ¿quién saca tajada de todas estas agresiones? Las historias oficiales se desmoronan ante mis ojos y entonces los verdaderos terroristas tiene rostros de gobiernos asesinos, de medios de comunicación mentirosos, de empresas monstruosas y bancos corruptos, de creencias estúpidamente perversas.

¿Qué hago en este mundo?, mi mente se rinde ante mis propios pensamientos catastróficos, ¿vine a observar pasivamente un mundo en destrucción?,  ¿a ser parte del grupo de humanoides que selló su propia extinción?

El mundo es ambivalente, se duele por París pero no parece hacerlo con Siria ni con Irak… o con cualquier país hambriento de África o con nuestra misma miseria en México.

Sí, yo también dejé de verlos. Sólo lo he hecho cuando han sido noticia para consumo, como hoy día; sin embargo cuando su novedad bajó de rating, mi interés hizo lo mismo y volví a mi rutina normal, “tal vez ya están mejor”, tragaba mi píldora de adormecimiento. Entonces volvía complaciente a mi oficina, ojeaba el diario, prendía el televisor y hasta acudía al cine a ver alguna película de acción, donde consumía cómoda y divertidamente, además de palomitas y nachos con extra queso y jalapeños, mucha violencia artificial.

Ahora que cuando las noticias llegaban, era bueno tomar una posición. Mi perfil de Facebook lucía bien con alguna foto o video en pro de alguna causa noble. Es el equivalente  a una pequeña estrellita en la frente, una satisfactoria palomita de correcto. “¡Soy un buen tipo!”, puedo decir de mi mismo y esperar, ¿por qué no?, que también los demás me consideren así, antes que lo olvide en el fragor del tráfico, pitando y maldiciendo porque los demás osan importunarme, pues acaban con mi paciencia, ¡¿es que acaso tengo su tiempo?!

Así que tenemos la costumbre de pedir por los demás, a miles de kilómetros, pero gritamos y discutimos con los que tenemos al lado, criticamos a sus espaldas, les ponemos el pie y los envidiamos sin rubor. ¿Y por qué pedir por los demás si son humanos?... humanos que envidian, que odian, que son capaces de humillar, de pisotear y hasta de matar. Más vale ser ateo, es mucho más honesto serlo, pues el dios al que le rendimos culto, no sólo con palabras sino con acciones, es un dios pequeño, envidioso y miserable.

Por un momento no sé bien de quién es que escucho esta voz… no sé si es la mía, o de alguien más… o quizá no me reconozco pues nunca me pongo demasiada atención…

“¡Déjate ya, entonces, de tanta estupidez! ¡Déjate de idioteces, ese eres tú: tan cínico e hipócrita! ¿Qué unos cuantos te arrastran a la locura??? Pobrecito de ti… tú, tan bueno… un inocente, ¿verdad? Tú eres parte de este mundo de locuras con tu pequeño pero mugroso grano de arena, ¡¡¡déjate, ya, de tus putas tonterías!!!... te daba pena escribir esta palabra, ¿cierto?, que mal se va a ver en tu artículo, pensaste… pues date cuenta que es mucho más grosero y más grotesco convivir con tu propia falsedad y dobleza, ser tan tibio y tan cobarde, eso sí que es asqueroso… a esos de los cuales está escrito que es mejor vomitarlos… ¿qué por qué te hablo así? ¡¡¡Esto es la guerra!!! ¡¡¡La maldita guerra!!!  Estás en guerra y yo contra ti.
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