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José Manuel Guerrero Padilla

Contra Escila y Caribdis - Twoning

José Manuel Guerrero Padilla

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"TWOning  XII: Infidelidad y La Parte Femenina"

"TWOning XII: Infidelidad y La Parte Femenina"

 Con lo que ahora comienzo a escribir estoy cerrando una serie de artículos titulados TWOning, en los cuales he tratado el tema de las relaciones de pareja. Ésta que he elegido es la mejor forma de hacerlo, es lo que yo siento; hablar desde mi ser, mi naturaleza y mi condición de hombre, de la parte femenina. No del sexo femenino, ni de las mujeres, sino de todo lo femenino que a mí como hombre (y a todos los hombres) concierne.

Mayormente, y no es difícil imaginarlo que, el motivo de tantos matrimonios y relaciones de pareja rotas sea la infidelidad. Además, es el motivo, no solo de matrimonios rotos sino también de profunda infelicidad matrimonial.

Los hombres, a tan solo un escalón de distancia del reino animal, tenemos una tendencia muy peculiar hacia la promiscuidad. Eso es indiscutible y evidente, tan solo basta ver la abundante oferta sexual de todo tipo, variedad y niveles que existe para los hombres; desde las chicas voluptuosas en bikini que adornan las páginas deportivas de los diarios, hasta la explotación de mujeres que venden sus cuerpos en un antro, por ejemplo,  o desde una página web y tantos otros medios.

No estoy en contra de cualquier estilo de vida que un hombre o una mujer decidan elegir, ¿cómo podría estarlo? Cada persona tiene todo el derecho de hacer con su vida lo que a él/ella  le plazca, siempre y cuando no dañe a los demás. Y en todo caso no sería estar en contra de nadie, sino ser empático y dolerte de quien evidentemente padece; no por un estilo de vida elegido, sino por una circunstancia de vida aceptada sin más remedio. Nadie debería de ser tan frío como para desentenderse del dolor ajeno, sea cual sea. Este mundo y su forma esférica nos dice mucho de quienes lo habitamos; por más que intentemos alejarnos de los demás y sus problemas, mientras más nos empeñemos en ello, acabaremos por llegar a estar cerca nuevamente.

La falta de congruencia daña, y daña tanto a quien la practica en su propia vida como al segundo implicado, su pareja. ¿Por qué elegir el matrimonio como forma de vida cuando se es consciente (al menos hasta cierto punto) de que no se es capaz de cumplir con un compromiso así, pudiendo elegir formas más congruentes de vida en pareja? ¿Por qué no buscar la vida para la cual uno puede y quiere aspirar?; si la naturaleza de un hombre no está evidentemente fincada en la monogamia, ¿por qué no ser honesto consigo mismo?, ¿por qué terminar no siéndolo ni con él ni con su pareja?

Creo que en gran medida es porque existe ese gigantesco miedo a la soledad. Porque el miedo, tristemente, impulsa más que el deseo positivo de vivir. Porque el ser humano busca con más vehemencia el evitar la infelicidad que el lograr su realización. Entonces resulta que mujeres y hombres terminan por aceptar, no solo defectos muy humanos con los que todos lidiamos día a día, sino además un engaño concertado en silencio por la “mayor conveniencia” de ambos o de todos los implicados.

Más aún, en este país tan desigual, así como nuestra sociedad ha parido ciudadanos de “primera” y de “segunda clase”, así también el hombre ha discriminado a las mujeres de “segunda” y hasta de “tercera clase”, catalogándolas como utilizables y desechables. ¿Qué importa si sufren?, ¿qué importa si sienten, si tienen sueños, deseos, familias?... sólo importan sus cuerpos; esa es la característica del “macho”, una de la cual él se enorgullece. Sólo una pequeña porción de mujeres “bien” serán solicitadas para dar esa “buena cara” a la sociedad a la cual se pretende integrar. Buscamos siempre, como pareja, a personas que compartan valores y objetivos comunes de vida, eso es lógico y bastante razonable, pero la discriminación y el abuso, y todo de lo que de ellos deriva, es detestable.

Y continuando en el tema de la discriminación, al macho le gusta dejarse llevar por sus impulsos más bajos. Le gusta darse la libertad de hablar del sexo femenino, en cuanto tiene la oportunidad y la mujer “indicada”, en términos de nalgas, pechos y catalogándola de buena (y no precisamente como persona); lo preocupante es saber que estas oportunidades y mujeres “indicadas”, se multiplican cada vez más. Al macho le encanta cosificar a la mujer, pues eso le otorga un cierto plus a su aparente “virilidad”. Eso sí, todas las mujeres son fáciles, excepto sus madres y sus hijas… si las llegan a tener, lo cual sería una bendición y una contradicción a su machista concepción de la vida. El hombre macho habla y juega… desprecia y utiliza… no sabiendo que al primero que denigra con ello, es a sí mismo.

Tal vez esté en la naturaleza de muchos hombres y mujeres el buscar a más de una persona para tener un contacto sexual, no obstante eso no implica que no pueda existir congruencia en el decir y el hacer, y honestidad y respeto hacia todo ser humano.

No obstante, volviendo al tema de la pareja y el matrimonio, lo cual también está no sólo la naturaleza de muchas personas sino también en sus deseos… ¿En verdad es tan complicado para un hombre ser fiel?, ¿está en su naturaleza no serlo?, ¿a qué parte de nosotros mismos somos los hombres tan desleales?

El hombre, estoy convencido, es reiteradamente infiel a sí mismo. En primer lugar es infiel a sí mismo.
Somos infieles a nuestra propia parte femenina. A esa parte tan olvidada que tenemos.

El mundo es un mundo macho. Los dirigentes, los líderes, la gente que ejerce el poder, es abrumadoramente masculina, en todos los sentidos. No hay equilibrio. Dentro de la misma fe, de las religiones, el rol de la mujer está muy por debajo del rol del hombre.

Todo hombre tiene una madre, quizás una hermana y tal vez una hija, en algún momento de su vida. Y aún más importante, el hombre tiene una parte femenina, tiene un cromosoma X olvidado y muy desactivado en cada rincón de su ser, innegable e indiscutiblemente. Y esa parte femenina no tiene otra función más que edificar, cultivar y engrandecer a su propia masculinidad.

Y de ahí debe nacer la verdadera fidelidad. Cuando puedes honrar y respetar a la mujer (quien quiera que sea y de la condición que fuere), en todos los sentidos, tan solo por lo que es: la compañera del hombre, hecha a imagen y semejanza de la creación a través de los complementarios; sol y luna, cielo y tierra, positivo y negativo, macho y hembra… entonces te honras a ti mismo.

Y es buscando a la mujer, a la pareja, la compañera, que se busca, se encuentra y se rescata a la parte femenina que yace oculta y olvidada en  interior del hombre, si es que la búsqueda se emprende en ese sentido y sin desistimiento.

Es, a través de la mujer indicada, que el hombre puede ser capaz de ordenar sus energías, separar lo valioso y esencial de lo burdo y bajo; que esto último impulse a lo primero en vez de entorpecerlo, que lo sublime y con ello al hombre mismo.

 Mente, corazón y sexo, alineados. Desde el deseo del cuerpo por el otro cuerpo, la mente por la mente y el alma por el alma, para crear y crearse a sí mismos.

Eso sería experimentar una de las facetas de la verdadera libertad.
Eso sería ser un hombre libre.

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