Inicio ingeniería y maquinaria Bienes Raíces desarrollo humano Tecnologías de Información Síguenos en Facebook
  Inicio       Estaciones de radio en tu negocio Heliopsis de Vida revista revista contáctanos  
Apache 39
José Manuel Guerrero Padilla

Contra Escila y Caribdis - Twoning

José Manuel Guerrero Padilla

revista@apache39.com
Regresar a Revista
Ver otros artículos de esta columna

"El Desierto y El Artista"

El Desierto y El Artista

Tenía muchos deseos de conocer Argelia. No me fue fácil realizar el viaje hasta allá, pues no había dentro de los operadores turísticos ninguno que ofreciera sus servicios a ese destino. En fin, después de insistir, di con quien podía organizarme un tour por esas tierras del norte de África. Y si quería realizar mi deseo no me quedaba más que confiar en ellos; un par de argelinos a los cuales solo conocía por su página web y los correos que intercambiamos, y con quienes trabé amistad y pase momentos muy agradables.

Después de varios días por Argelia, país del cual quedé maravillado y agradablemente prendado, llegué a las puertas del desierto del Sahara. Era un deseo que cumpliría plenamente.

Pasar cuatro días dentro de un mar de arena y rocas, tan solo al lado de tres desconocidos que me guiarían y me ayudarían a disfrutar la estancia en ese inhóspito lugar, te da todo el tiempo, el espacio y el motivo para reflexionar. Podía asistir a los amaneceres y las puestas de sol; podía contemplar todas las estrellas de la noche y, más entrada la madrugada, las dunas suavemente bañadas de la tenue luz de una luna que menguaba. Estaba, como uno de mis compañeros tuaregs me decía, admirando el arte de la naturaleza en un gigantesco museo al aire libre. Así era, sin duda alguna.

Esa mañana tomamos el desayuno, conversamos un poco bebiendo té, recostados sobre las mantas frente al pequeño asador y las brasas ya casi consumidas y hechas cenizas. Más tarde levantamos nuestro pequeño campamento y nos adentramos en el desierto. Estaba extasiado por lo que contemplaba; un artista que con la energía del sol, el viento y el movimiento de los elementos ha dado forma a través de millones de años a un paisaje que termina ante mis ojos por lucir majestuoso, maravilloso e hipnótico. Te roba suspiros, y la admiración que te despierta exalta tus sentimientos y pensamientos. Te sabes tan pequeño y a la vez tan grande como lo que tus ojos contemplan.

Más tarde, después de nuestra llegada al sitio donde pasaríamos la noche, aun con el sol pleno aunque iniciando su descenso, me alejé de mis guías, como los días anteriores, trepando una enorme montaña de arena para encontrar un sitio donde contemplar los últimos rayos de la faz de nuestra estrella. La quietud era tal que hasta la más mínima fricción de mi movimiento me era audible. Ya trepado sobre el enorme lomo de la duna podía ver tan lejos que me parecía contemplar el mundo entero. Mientras me giraba para apreciar cielo y desierto en diferentes perspectivas, un murmullo se hizo audible. Era el viento… No, era el desierto. Y yo, al abrir mi boca, provocaba en ella el eco de su voz… Y no, no era el desierto, no era la obra de arte, era el murmullo del Artista mismo.

Entonces, escuché Su voz tan suave y sutil como profunda… tan distante y a la vez tan dentro de mi… y ésta me decía: “Aquí Estoy”. Era el Artista. Y no parecía estar… y a la vez estaba en todas partes. A cada instante que pasaba, la luz descubría distintas formas y pintaba diferentes tonos sobre el paisaje; en cada lugar que mi vista se posara, la belleza simplemente era.

Miré mis pies, inundados y hundidos en la arena fresca. Tras ellos mis huellas que, rastreando su origen, se perdían diminutas como gotas de agua en el océano. Ellas eran mi propio trazo y yo su pincel, me lo hizo saber el Artista. Manchan el paisaje, pensé. Nada de eso, es tu voluntad de estar aquí, dibujada en la arena, contempla su belleza: tú y Yo hechos uno, de manera especial y consciente, en un momento de la eternidad; escuche Su voz nuevamente. Yo soy el Artista y te he cedido potestad sobre el pincel.

Veía mis huellas sobre la arena… la más próxima a mí. Un hueco informe sobre el lomo de la duna, que mi esfuerzo por alcanzarlo había dejado. Este soy yo, pensé. Y mi espíritu voló como los cuervos en el desierto sobre los recuerdos de mi memoria. Trascendí tiempo y espacio con consciencia y me posé sobre mi vida diaria. Contemplé mi rutina sumergida en aquella de la ciudad y del mundo. Como los eternos golpecitos de diminutos granos de arena sobre las monumentales rocas en busca de la belleza, en las manos del Artista. Así yo y mi rutina, con mi potestad sobre el pincel.

Infinidad de imágenes saturaron mi mente. Yo, sobre las mismas calles, los mismos horarios, los días de trabajo, desayunos, comidas y cenas… bancos, negocio, clientes, internet, lectura, viajes… atar zapatos y desatarlos, vestirme y desnudarme, hablar y callar, dormir y despertar… minuto tras minuto, día tras día… meses, años, lustros, décadas… ¿cuántas vueltas toma aprender?, ¿cuántos roces toma esculpirse?

El mundo en el que vivo y nosotros, los seres humanos que lo habitamos… que recorremos los mismo caminos cada día… los mismos trayectos, los mismos trabajos, las mismas rutinas, día tras día… la misma forma de envejecer, dejando nuestra estela de energía… yendo y viniendo, deviniendo lentamente… ¿en qué?, ¿qué es lo que estamos creando?, ¿qué es lo que pintan nuestras estelas de energía?, ¿cuántas vueltas cuesta abrir los ojos y darse cuenta?...

Entonces un sentimiento me arrebató y me trajo de vuelta al desierto. El cielo brillante y despejado lo anunciaba discretamente: el sol no tardaría en despedirse.

¿Qué percibes?, ¿a qué has venido hasta aquí?, ¿cuál es tu obra maestra?; escuché.

Observa a tu alrededor y dime, qué buscan tus ojos… qué reflejos de ti ves dibujados en el desierto... qué destellos de ti contemplas en tu vida cada día que puedes ser consciente y estar despierto.
Con la potestad que tiene sobre el pincel, tu espíritu se da forma a sí mismo.
El artista es el reflejo fiel de su obra.
La obra maestra eres tú.

Anúnciate con nosotros
 
Heliopsis de Vida
 
La Perruquería de Juanis
 
El Buen Gourmet
 
 
 
 
 
 
 
Escribe tu comentario:
Otros artículos

Las zonas erógenas de tu chico según su signo

8 cosas que tu novio quiere en el sexo, pero no se atreve a decirte

¿Por qué los maridos nos desentonamos?

El tiempo, el recurso de los afortunados

10 tips de belleza para ella... y él

¿Por qué los maridos nos desentonamos?

bipolar

Animales en los Circos

Adán contra Eva

obesidad

 

Escríbenos tu opinión y/o sugerencia

* Nombre de contacto:

Se necesita un valor.

* Correo electrónico: Se necesita un valor.Formato no válido.
Comentarios o preguntas:
* Datos necesarios para enviar la solicitud
Regresar arriba
Apache 39        
Apache 39
Inicio ingeniería y maquinaria radio Síguenos en Facebook  
  Bienes Raíces revista    
  desarrollo humano revista ConstruEquipos AgroIndustriales - Establecida desde 1946
Copyright © 2019 Apache 39. Todos los derechos reservados.
Heliopsis de Vida Tecnologías de Información contáctanos