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José Manuel Guerrero Padilla

Contra Escila y Caribdis - Twoning

José Manuel Guerrero Padilla

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"METAEconomía I: Economía: del griego Oikonomia, o de la urgente, cruda y necesaria realidad: “¡Aprende a hacerte responsable!"

METAEconomía

Hace un par de años que compré un libro que me dejó maravillado, tiene por título Cuestiones Cuánticas, y el autor es alguien llamado Ken Wilber. Cuando lo terminé de leer pensé “que mal se enseña la física en los colegios, en las secundarias y en las preparatorias”. ¿Quién puede entender el mundo de la materia visto a través de temas ordenados de acuerdo a su… ¿qué?, ¿complejidad?, ¿ilación?..., ¿leyes?, ¿fórmulas?, y después tomarle cariño a la naturaleza repitiendo un montón de inútiles ejercicios?... treinta, cincuenta, cien obvios y tediosos problemas de substitución de variables y combinaciones de ecuaciones. El mundo que asombra está allá afuera, a tu alrededor, estas hecho de ello. Este libro abordaba los problemas y sus soluciones desde las inquietudes de sus formuladores, de su curiosidad por el universo, de sus deseos por comprender el secreto de la naturaleza. Pude entender cómo iban surgiendo, a partir de las cuestiones conocidas, las dudas, las nuevas aristas y cuestiones no resueltas, además de la ingeniosa manera de concebir el problema y llegar a una respuesta. Eso resultaba muy distinto; ver las cosas desde esta perspectiva mucho más fascinante y mucho menos rígida, puede llegar a ser un buen incentivo para el conocimiento, pero en fin…

¿Y qué tiene que ver un libro de la historia de la física cuántica con la economía? Pues creo que muchas cosas, pero la primera que me viene a la mente es la siguiente: Existe un orden en el mundo de la materia, del cual hemos vislumbrado algunas de sus leyes. Y nosotros, formados hasta cierto nivel por esta estructura material, obedecemos junto con ella a esas mismas leyes. Esto sucede, no obstante, con la diferencia de que una parte nuestra, esa capacidad de ser de la cual está desprovista mucha de la creación, tiene la potestad de manipular a la materia misma. En pocas palabras, y para no enredar esto más y terminar por hacer un lío, como seres humanos tenemos la capacidad de influir en la materia a través del conocimiento de sus leyes. ¿Y qué es lo que nos hace tener la capacidad de “influir”? Es el alma. Y llamemos alma a la energía que provoca los pensamientos y las acciones en un ser humano.

Pues tenemos a la materia que obedece leyes universales, a la energía que también, así como una energía de distinto nivel que es la responsable de proyectar nuestros pensamientos, que es nosotros en sí misma. Y entonces también tenemos lo que nosotros (esa energía en acción) somos capaces de hacer con la materia y con la energía, para influir en nosotros mismos y en nuestras vidas. Y de esto, para su estudio y aplicación, se ocupa en determinado campo y en gran medida, la economía.

Cuando estudiaba la carrera de administración de empresas cursé algunas materias de economía. Estudié temas como macro-economía, me di una ligera empapada en las teorías de Adam Smith, Ricardo, Malthus y Keynes. No obstante, sentí que mucho quedaba flotando en el aire. Sí, había macro-economía, y también estudié la micro, pero me parecía que me quedaba un mar de conexiones e implicaciones poco claras entre ellas; y en lo macro también percibía que me faltaba indagar más, saber más.

Ahora, ¿qué más hay entre la física y la economía que me hace escribir en este extraño artículo, un omelette  de disciplinas tan diferentes?

Pues bien, a mí me gusta indagar sobre la naturaleza y el universo. Me parece fascinante develar, aunque solo sea un poquito, cómo es que funciona y se rige todo lo que me rodea. Lo hago por gusto, pues sé que la naturaleza y el universo jamás me jugarán una mala pasada. ¿Pero el hombre?…

Conozco mi propia condición humana, egoísta, y sé hasta qué lugares tan oscuros, si la dejo llegar, puede llevarme a visitar. Un hombre y su capacidad de manipular, es de temerse. Pero un hombre con esa capacidad y deseo de manipular, y peor aún con poder y sin contrapeso… ¡¡¡peligro!!!

Cuando el hombre es quien crea sus propias leyes sociales, entonces desconfío, y no lo hago sin razón. Sólo hay que salir a la calle y mirar un poco. Pero ya ni eso es necesario, con sólo encender el televisor, la computadora o el teléfono móvil te das cuenta del desastre que hemos armado.

Pero lo más peligroso de todo esto es la ignorancia y la inconsciencia, el miedo y la negación que éste puede alimentar. Todos somos responsables por lo que sucede a diario en el país y en el planeta; en mayor o menor medida, ya sea por ignorancia, por pasividad o por una absurda comodidad. La economía nos viene bien en una charla de café, llenándonos la boca de “sabiduría”, y nos vale para poco durante el resto del día.

Entonces me puse a pensar… si yo, que estudié la licenciatura en administración de empresas, y después de ello cursé una maestría en la misma disciplina, tengo esas lagunas económicas, ¿qué será de alguien que no estudió una carrera, o de alguien que no terminó la preparatoria, y ya no hablar de alguien que ni la primaria acabó de cursar?

También existen otros casos muy comunes y mucho más penosos de ignorancia de alto nivel. Así es, y yo en ciertos momentos he sufrido de este mal. Sucede en aquel que cree que el simple hecho de tener un título universitario le confiere autoridad sobre los demás; repite, como verdades absolutas, frases leídas en libros o escuchadas en aulas universitarias (sin ser realmente consciente de si está siendo preciso o de si ello es realmente verdadero), y no lo hace para llegar a la verdad sino para ganar aceptación o notoriedad entre los demás. No sólo es un mal que llega en ocasiones a atacar a los universitarios, sino también a los leídos, a la gente de círculos sociales “destacados”, a la gente de dinero o a todo aquel que precisamente se aferra y afana a cualquier ícono (incluso hasta la edad) que considera le provee de poder. Es creer que el tener, el pertenecer o el ser, simplemente te dan la razón. Es la ignorancia revestida de soberbia, esa que altanera esconde el temor a perder su absurda posición de poder. Y esa ignorancia de alto nivel, es más peligrosa y más difícil de corregir. Quien no sabe y lo acepta, tiene la mente más dispuesta a recibir, pero quien cree que sabe y en realidad está equivocado, estará más cerrado que una caja fuerte.

Desconfié, primero de mí mismo y de mis propias intensiones. Después lo hice de todo lo que del tema había aprendido hasta entonces. Luego me pregunté qué más precisaba saber y para qué. Ya, con un poco más de claridad, decidí aprender más de economía, pero desde una hoja en blanco. Quería saber, no solo con mucha más precisión y claridad cómo funcionaban nuestros sistemas económicos, sino además tenía la impresión de que todas esas leyes y teorías económicas tenían implicaciones mucho más profundas de las que imaginaba… más allá… meta-economía.

Y por último, o quizá por principio de cuentas, despojar a esta ciencia o conocimiento de todos sus clichés y darle un nuevo significado: es urgente saber de qué manera soy responsable, en mi vida diaria, de todo lo que sucede y me sucede. Este es el primer artículo de una serie llamada Metaeconomía, donde abordaré el tema desde este punto de vista.

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