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José Manuel Guerrero Padilla

Contra Escila y Caribdis - Twoning

José Manuel Guerrero Padilla

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"METAEconomia III: Oferta, Demanda y Vida Miserable"

METAEconomia III: Oferta, Demanda y Vida Miserable

Era el invierno de 1994 y me subí al avión preocupado por el gasto que mi padre estaba por comenzar a hacer en mí. Recién el peso mexicano se depreciaba y el tipo de cambio pasaría rápido de 3.50 a aproximadamente 7.20 pesos por cada dólar. Yo estaba por iniciar una maestría en uno de los países más caros del mundo.

Mi primer cena, que compartí con un gran amigo que me acompañó hasta allá las primeras semanas, fue la cuenta más cara que yo haya pagado por unas hamburguesas. Solo aplaqué el hambre porque, por otra parte, mi preocupación por el año que pasaría allá, lejos, me dejó aturdido los primeros días. “¡Qué cara es la vida acá!”, vivía con ese pensamiento constantemente en mi cabeza.

Adaptarme fue un poco complicado, al principio. Aún no cumplía un mes de llegado cuando mis provisiones se agotaron, tomándome bien desprevenido un fin de semana; acostumbrado yo a que los supermercados en México abrieran incluso los domingos. Sin nada que comer, un buen hombre se apiadó de mi; me vendió un sándwich y me aconsejó ser precavido antes de que llegara el sábado por la tarde.

Después… aprendería a sobrevivir. A quince minutos de Ginebra, ciudad natal del admirable J.J. Rousseau, donde yo vivía, tenía a Ferney-Voltaire, la ciudad natal del también notable filósofo francés. Una pequeña ciudad francesa donde nos encontrábamos los sábados por la mañana muchos de los estudiantes extranjeros haciendo el súper a precios considerablemente más bajos que en Suiza.

Pasado el primer mes, mi estado de ánimo mejoró. Vivía feliz, en una de las ciudades más bellas y pacíficas que conozco, no obstante en medio de mi júbilo, me la vivía comparando constantemente precios. Litros de leche, azúcar, pasta, arroz, carne, agua, pan, etc.

¿Quién fija los precios de las cosas? Los economistas dicen que es la oferta y la demanda en su punto de acuerdo. Y tienen tanta razón como si yo quisiera definir a Ginebra tan solo como una cuidad Suiza situada a la ribera sur del lago Lemán. Es mucho más que eso, hay mucho más de fondo tras el razonamiento de las curvas de oferta y demanda.

En primer lugar entendí que no era que la vida en Suiza fuese cara, sino que la vida en México, en general, era miserable. Tal vez con el equivalente de dinero podría comprar hasta mas del cuádruple de las mismas frutas en México que en Suiza, o mucho más litros de leche, o pagaría lo mismo por una comilona en un restaurante de lujo que lo que pagaría por una simple hamburguesa en Ginebra. Y quizá, hasta podría pensar que como los suizos trabajaban menos horas que los mexicanos, eso bien podía explicar que el costo de vida fuese más elevado, sin embargo la explicación no era tan simple… aunque, irónicamente, a final de cuentas, así pudiera ser.

Para que el nivel de vida de la población en general sea honroso y decoroso, para que no existan los abismos entre ricos y pobres que existen en un país tan desigual como México, debe haber una proporcionalidad razonable en los niveles de ingresos. Y para que ello sea posible, y más en sectores (como lo es el agropecuario) donde el impacto tecnológico no llega a ser tan significativo en el valor agregado de sus productos, como sí lo es en otros sectores como el automotriz o el de la telefonía (por mencionar algunos), debe existir una “compensación” en los mismos ingresos, lo cual, al final de cuentas, se traduce en una compensación (o aumento) en los niveles de precios. Es decir que para que alguien que dedica su vida a producir alimentos (lo cual es una contribución vital para cualquier economía) y que de ello mantenga un nivel de vida decoroso, es necesario que sus ingresos no se vean rezagados con el paso del tiempo y del impacto tecnológico en el valor agregado de otros productos de otros sectores. Por lo tanto, para que el sector del transporte, y en él la industria automotriz (por mencionar una), se pudiese desarrollar con todo su valor agregado, fue necesario que el sector agropecuario (y el resto de los sectores) incrementaran sus ingresos y sus valores en precios para poder crear una demanda que diera soporte a esa nueva oferta. Claro, si la sociedad tiende a ser justa, se observará una proporcionalidad razonable en los precios de todos los productos, incluso en los salarios, que son los precios de los trabajos. En varios países incluso, los gobiernos entran en juego subsidiando directamente al sector agropecuario para evitar que éste se vea afectado y termine rezagado.

¿Por qué era tan cara la despensa en Suiza? Porque hasta un pequeño agricultor (y cualquier empleado del sector), que juega un rol económico tan importante como todos los demás, debe tener una vida digna como cualquier ciudadano; claro, siempre que cumpla de buena manera con su función. Entonces me di cuenta que más que cara, era una vida muchísimo más justa que la que yo vivía en México.

Detrás de las curvas de oferta y demanda estamos los seres humanos, y con nosotros nuestras ideas, pensamientos, deseos, filias y miedos… nuestros paradigmas. Detrás de ellas está el cómo nos vemos los unos a los otros. En Suiza encontré una cultura mucho más homogénea, donde con mayor facilidad las personas se reconocen e identifican en los demás y por lo tanto tienden a respetarse de una manera que no conocemos ni vivimos aún en México. Son más homogéneos incluso en el color de su piel. Quizá ese sea un “hándicap a su favor”… no lo sé.

Después de un año allí, regresé a mi país amado; uno donde el racismo es muy evidente a través de su brutal desigualdad. Habrá a quien le cueste aceptar que en el país existe el racismo y la discriminación pero es así, y a través del tiempo ha devenido en clasismo e influyentismo. El mestizaje podría ser una prueba en contra, pero aún dentro del mismo mestizaje hay quienes reniegan de él y son matizadamente racistas con quien pueden serlo. Al paso de los siglos todos hemos fijado los estándares de merecimiento, y con ello los precios de las cosas, de acuerdo a las vivencias y creencias que hemos heredado de nuestra historia. Muchos son demasiado propensos a sentir que merecen poco y existen algunos que creen fielmente que el país les pertenece, como si fuese una reminiscencia de la conquista. Nos cuesta demasiado reconocernos en los rostros de los demás, más aún en la tez morena. Reconocernos en lo profundo, en ver en el otro a un ser humano valioso y con sentimientos. La educación para el grueso de la población no fue ni ha sido prioridad, simplemente porque quien ha tomado el poder no cree que lo merezcan y los demás hemos sido condescendientes . Y como la educación, así también ha sido con la justicia y con las oportunidades, y en última instancia todo ello se refleja también en el precio del trabajo (los salarios). El racismo y el clasismo se sienten en frases como “ellos no saben para que sirve el dinero”; en palabras como “indio” o “naco”. Se percibe claramente en el valor de la vida, como en la de esos 43 estudiantes desaparecidos.

Sí, esta es la verdad que se esconde tras las frías curvas de oferta y demanda. Y pareciera que la economía es, con sus números y gráficas, compleja y difícil de entender. Nada mas alejado de la realidad. La realidad económica es un fiel reflejo, siempre, del pensamiento y del corazón humano.

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