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José Manuel Guerrero Padilla

Contra Escila y Caribdis - Twoning

José Manuel Guerrero Padilla

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METAEconomia VIII: No Todos Los Hombres Nacen Iguales

"METAEconomia VIII: No Todos Los Hombres Nacen Iguales"

Todos los hombres somos iguales. La primera vez que escuché la frase, muy probablemente cuando niño y dentro de un salón de clases, mi propio corazón se conmovió profundamente con ella. La frase guardaba una belleza dentro de su sonido y su melodía, los cuales transmitían su sentido y significación. Toda frase se canta de alguna manera porque en ella va vibrando una emoción humana.

La frase y su música me acompañaría durante muchos años hasta darme cuenta que aquella emoción que me acariciaba el corazón ya no viajaba dentro de la misma. Ésta ya le resultaba insuficiente pues la emoción, a una mayor proximidad, requería otras palabras vibrando en otras melodías más sutiles y poderosas a la vez.

Entonces, hace algunos años escuché: No todos los hombres nacen iguales. La frase se desmoronaba totalmente con el signo negativo del no. Y era la misma música que se desprendía de la negación, la que te llevaba, en su tono, a buscar la verdad a una octava más alta.

¿Y cuál era esa verdad?

De la antigua premisa surgían, como ramas de un tronco, conexiones a un plano de existencia más concreto: hombres y mujeres tienen los mismos derechos y también las mismas obligaciones. Estudiando en la carrera alguna materia de derecho me preguntaba: ¿por qué derechos y obligaciones?, ¿qué le da sentido de derecho u obligación a una potestad? La posición egocéntrica y la ausencia del propio poder, ¿no es así? Puedo decir que tengo derecho a la libertad, a la educación, a la salud; así como que tengo la obligación de contribuir con los gastos públicos y la obligación de servir a la patria. Pero decir que tengo la obligación de ser libre y el derecho de contribuir a los gastos públicos no tiene mucha cabida en el razonamiento de señalarte  e imponerte lo que puedes pedir para ti y lo que debes dar a los demás. Derechos y obligaciones no podrán provenir más que de un ente externo que te los promulga, te los impone y te los hace valer. No obstante podrías llegar a decir algún día que tienes la potestad de ser libre, de educarte y de contribuir con los demás pero esa potestad solo podrá provenir de ti mismo, haya o no haya leyes, haya o no haya imposición, la verdad la has hecho tuya.

Ahora, todos los seres humanos tienen el derecho y/o la potestad de ser libres, sin embargo no todos los que pueden transitar ese camino llevan el mismo recorrido ni el mismo paso. Pues hay quienes todavía requieren de mucha imposición, muchas leyes y muchas normas, mientras que otros dejan de requerirlas tanto, mientras más ganan en su propia potestad.

No todos los seres humanos nacen iguales. Y no me refiero a las cosas obvias como el color de la piel, la estatura, los rasgos, o como los gustos, las aficiones, y las habilidades; sino en algo mucho más trascendente como son las capacidades, y entre ellas la más importante: el grado de consciencia.

Todo ser humano nace con el potencial de llegar a ser Mujer u Hombre, así, con mayúsculas. Como la semilla que va desdoblándose poco a poco hasta dar lugar a un árbol con sus frutos. Con ese mismo potencial todos nacemos, pero con diferentes estados de desarrollo, cada cual.

Visto así, hasta la misma democracia toma un sentido distinto. ¿El poder del pueblo? ¿Cuál de todos los distintos poderes en desarrollo?, ¿cuál de los diferentes pueblos dentro de una misma nación?, ¿un voto?... ¿un voto de acuerdo a qué capacidad de decisión? Y pienso que una buena decisión no depende precisamente del grado de consciencia, sino mayormente del grado de contaminación. Cualquiera podría tener la capacidad de elegir lo mejor y lo más conveniente para sí y los demás, siempre y cuando esté libre de temores y de tonterías. La cuestión se vuelve entonces así: que existen diferentes capacidades, y la más importante de ellas, el grado de consciencia, depende para su perfeccionamiento y depuración del grado de desarrollo de sus demás capacidades. Y la belleza del grado de consciencia es que brilla con todo el poder del ser; es la verdad, es la libertad y sobre todo es el amor. El problema es que es muy fácil que las demás capacidades ahoguen con su crecimiento a la consciencia. Cuando el ser humano no desarrolla su consciencia a la par de sus capacidades permite un vacío que es rápidamente llenado por su ego.

Y es que las diferencias entre los grados de consciencia jamás se manifestarán en alarde ni en presunción, pues estos son claros signos de, precisamente, falta de consciencia. Muy por el contrario la presencia de un buen grado de consciencia sabe que su propósito y su única forma de seguir progresando es tender la mano, ofrecer ayuda verdadera. Eso sería integrarse al flujo de la evolución donde otra mano más arriba le será tendida de la misma manera a él.

Cuando estas cuestiones las pongo en perspectiva con la Metaeconomía, puedo entender que la competencia es un paradigma viejo, obsoleto y de igual manera la música que vibra en su concepto desentona desagradablemente. Recuerdo los años noventa de mi carrera profesional. Una parte del mundo de la economía y los negocios, y más aún el de los políticos se envalentonaba llenándose la boca con la palabra competir, así como cuando siglos atrás los hombres deseaban combatir contra el enemigo por la patria. Íbamos a entrar a competir con el famoso TLC. Nos vendían la idea de progreso sin mencionar nuestras carencias. Es como poner a boxear a un peso mosca con un peso completo, para no pecar de exagerado con otro ejemplo. ¿Cómo competir libremente cuando sabemos que no todos los seres humanos son iguales?

Los hombres (y digo solo los hombres) nos solemos perder muy fácilmente en nuestro propio egocentrismo. Deseamos un triunfo efímero. Sí, sí hay una batalla que librar, pero nos equivocamos con el enemigo. El verdadero adversario no está en la otra empresa, ni en el otro país, ni en el otro ejército. Irónicamente comparte comida, cama y cuerpo con uno mismo; invade nuestra mente llenándola de pensamientos superfluos y absurdos. Es nuestro propio pensamiento cabalgando sin bozal.

La competencia es la premisa del libre mercado. ¿Qué estoy diciendo? ¿Qué ataco el modelo hegemónico en el mundo?, ¿el de la libertad?, ¿qué soy abiertamente contrario a demócratas y republicanos, y quizá hasta partidario de Putin y de Maduro?

No es así. Yo quiero ver más allá. Si de libertad queremos hablar, que sea de una mayor, y ya tocaré el tema en otro artículo. No es de capitalismo contra socialismo de lo que deseo hablar, sino de algo que va más allá, y ya tocaré el tema en el siguiente artículo. Lo que hoy reconozco es que hay más, pero mucho más de lo que hoy, el mismo mundo, da testimonio de que ya está agotado y caducado. Hay mucho más allá de las viejas premisas y de lo que es el estado económico que el mundo sufre hoy.

Metaeconomía, si le puedo dar un nombre.

 

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