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José Manuel Guerrero Padilla

Contra Escila y Caribdis - Twoning

José Manuel Guerrero Padilla

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METAEconomia IX Parte I: Deuda y Esclavitud

"METAEconomia IX Parte I: Deuda y Esclavitud"

Deuda. Es el tema quizá más espinoso de todos los que de economía se puedan tratar. Es así por lo que significa, y que la gran mayoría de las personas desconocen. ¿Y por qué se desconoce? Porque la inmensa mayoría de nosotros vivimos debajo de la línea que divide a quienes impulsan a la humanidad de quienes solo desean ser impulsados por los demás, sin mayor responsabilidad ni deseo; haciendo de la confianza una penosa omisión.

La deuda es un concepto que deriva de otro, y este último tiene que ver con la misma imagen de la evolución humana. Un ejemplo sencillo es una familia. Se espera que una familia esté constituida por papá y mamá, y que estos, en toda su capacidad, engendren hijos y que los soporten, los nutran y los ayuden hasta que estos últimos alcancen su pleno desarrollo. Bajo la misma lógica los hijos, ahora en un estado completo, quizá formen otra familia y hagan lo mismo con otros seres para que puedan “pagar la deuda” que contrajeron, a través de sus padres, con la vida. Dentro de la evolución es la idea de proveer a quien aún no ha alcanzado un estado completo, de todo lo necesario para crecer y ser libre en ese estado del ser;  y de la misma manera ser ayudado por alguien más a escalar hacia un nuevo estado del ser, uno mismo.

Pero no ha sido así con nosotros y nuestra historia en el planeta. Esta idea dentro de los límites familiares, que es donde mejor funciona, aún es muy precaria sobre la faz de la tierra. Más allá de estos límites, la evolución evoca a la ley de la selva. El ser de mayor jerarquía termina devorando al otro de una especie inferior, sin embargo una esencia superior (la naturaleza) gobernaría los distintos grados de tal forma que ninguno se viese amenazado en su existencia. No obstante se esperaría que al grado superior que el hombre debiera ocupar, las garras y colmillos dejaran de ser necesarios y en dicho estado del ser, junto a la madre naturaleza, él fuese co-creador con ella. Las cosas en el mundo (la economía incluida), con la suma de todos, simplemente van en la dirección contraria.

Todo el truco del manejo de las economías está en el control del dinero. En quién emite (imprime), quién controla y cómo lo controla, está todo el secreto de este sistema a punto del colapso; un sistema que no es capaz de superar la primera, más básica y elemental etapa de su evolución.

La suma del valor de toda la masa monetaria, que son todos los billetes y monedas en circulación, que viene a ser la más angosta definición (M1) de lo que pueden ser los medios de pagos, debería ser la adecuada para que le permita a la velocidad de todo el sistema de intercambios generar la producción esperada con todo y su crecimiento respecto al año anterior. Había 1,251 miles de millones de pesos en billetes y monedas el mes de julio de este año en circulación, 16 mil millones más que el mes de junio. Mes con mes, salvo momentos  excepcionales, van ingresando de manera constante más billetes y monedas a circular, a través de los créditos bancarios, con la esperanza de que la economía responda al aumento y crezca (o mejor dicho que el aumento de circulante responda a la suma de nuestros anhelos de crecimiento económico. Como se quiera ver).

Hablemos de un periodo mínimo de tiempo en el cual se da un intercambio total de producción y dinero, para plantear un ejemplo muy simple (que aunque siendo simple trato de cuidar los detalles de su simplicidad). Supongamos al país A, donde todas las empresas pagan a los 15 días sus salarios y beneficios, y donde todos los profesionistas independientes gastan sus ingresos cada 15 días. Entre todos los habitantes logran una producción por un valor de 100 pesos en ese periodo. Para facilitar el ejemplo digamos que esta economía no crece más que por su aumento demográfico; no comercian más que entre ellos y nadie reinvierte beneficios (y añadiré que evitaremos meternos con el sistema fraccionario de reservas bancarias y préstamos). Cada quince días, coincidentemente, hay un integrante más entre defunciones y jóvenes que alcanzan su edad productiva. Bueno, para el siguiente periodo de 15 días, esperan que su producción se eleve de 100 a 110 pesos en valor. Para ello el banco central tendrá que aumentar el dinero circulante ofreciendo un préstamo más a través de los bancos. Luis, el recién integrado a la economía, va al banco y pide prestado 10 pesos para crear un negocio que a los 15 días ofrecerá, como fruto, productos equivalentes a esos 10 pesos. Eso es lo que la economía espera crecer, llegar a 110. Pero resulta que al final de este nuevo periodo de 15 días, donde ya se registró una vuelta completa de transacciones de productos y billetes, Luis ya produjo y vendió su producción con valor de 10 pesos, que se suman a los 100 pesos de producción del resto de dicha economía y dan el gran total de 110 que se esperaba de crecimiento, y no obstante él tiene ya una deuda con el banco de 10.10 pesos (10 que pidió prestado más 10 centavos por intereses acumulados en ese periodo). No solo el banco ya se volvió socio en el negocio de Luis, sino que además faltan 10 centavos que no “existen” como efectivo ni como producción (los de los intereses) y que de alguna parte de esos 100 pesos de circulante/producción tendrán que salir (sea como una venta que alguien más no realizó pues de otra forma el préstamo no llegará a buen término).

La pregunta es, ¿cuánto tiempo tenemos viviendo este sistema injusto desde sus premisas y concepción?, y ¿cuánto desbalance, pérdidas y retroceso nos ha ocasionado, así metafóricamente digamos, con el dinero en nuestras cuentas de banco, que nosotros hemos “ganado”?

Los bancos han sido, ventajosamente, los socios más incómodos de las economías enteras. Claro, podemos decir que todo aquel que presta corre un riesgo. Claro, si yo presto hoy, corro el riesgo que no me paguen mañana y el riesgo es considerable, pues no ostento la privilegiada y preponderante posición de pertenecer al sistema crediticio del país. Cuando eres banco corres un riesgo particular de que un cliente no te pague y sin embargo, dada tu significativa posición, te proteges pidiendo garantías que nadie te negará necesitando el dinero. Para sortear los riesgos de ciclos económicos, gracias a dicha posición, los bancos viven dentro de ese sistema burbuja tan injusta y ventajosa, que en las últimas décadas los ha blindado contra todo riesgo, prácticamente. Basta recordar el FOBAPROA. La economía mexicana llegó a un grado de insolvencia bastante delicado y el gobierno tuvo que salir a firmar, muy irónicamente con cargo a todos los mexicanos, para asegurarle a unos cuantos metidos en el corazón de la economía, su estabilidad e ingresos.

Lo mismo ocurrió en Estados Unidos con la crisis del 2008. El gobierno de Obama, contra todo lo que había prometido, terminó “rescatando” a los gigantescos bancos que apostaron sus fondos como si su negocio fuera un casino. Rescatar es una palabra que resulta insuficiente para describir lo sucedido; pues los CEO’s de aquellos bancos terminaron recibiendo grandes bonos por haber arriesgado la economía entera y haber puesto en la calle a miles de trabajadores.

Esta historia de la deuda no termina aquí, da para mucho más. El dinero es energía en un estado latente. Quien tiene ese poder en sus manos debería tener también mucha responsabilidad. Pero en vez de construir para crecer, de ayudar y ser ayudado, el hombre ha optado por engañar y esclavizar.

 

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