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José Manuel Guerrero Padilla

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José Manuel Guerrero Padilla

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Ideología de Género y Respeto

"Ideología de Género y Respeto"

Decidí posponer mi artículo de MetaEconomía IX, para hablar de este tema. Me considero una persona respetuosa en buen grado. No uso el calificativo de “abierto” para describirme, porque “respetuoso” es lo que describe de mejor manera aquello a lo que intento llevar  mi comportamiento.

Hace varios meses escribí un artículo llamado Homosexualidad y matrimonio. En él abordé el tema de los matrimonios homosexuales. Bien, para mí el matrimonio es la unión sagrada entre los perfectos complementos, masculino y femenino, que conforman una unidad completa. No solo es una unión entre un hombre y una mujer, sino que es la unión entre el hombre y la mujer a los cuales dicha suma los puede llevar a estados superiores del ser. Siendo esta mi visión, no soy quién para imponérsela a nadie más. Más aún, consideraría injusto el que no fuese capaz de respetar una unión, sea cual sea, entre dos personas que se aman y que no le hacen daño con ello a nadie. Considero que el matrimonio civil tiene el carácter que les puede ofrecer a las parejas, de cualquier tipo, la clase de derechos y obligaciones que les permita vivir su unión en certidumbre jurídica. Para mí, la palabra matrimonio solo encaja en la forma en que ésta nació: entre hombre y mujer, por todo lo que esta unión conlleva. Siendo así, ¿por qué no me oponía a que el término se usara también para las uniones homosexuales? Lo considero una lucha vana y absurda por un término o un nombre, cuando lo importante no es ganar la batalla de las definiciones, sino elevar una forma de vida, como el matrimonio en el que creo, a un estado superior. Considero mucho más valioso rescatar el verdadero sentido de esa unión sagrada entre hombre y mujer que tan en crisis se encuentra hoy. El concepto hace a la palabra y la palabra al concepto, pero mucho más aún, son los hechos de vida los que validan tanto al término como a su significado.

Mi concepto de matrimonio es tan mío que solo a mí me concierne, así decida volver a intentarlo, así decida permanecer soltero. De la misma manera respeto lo que a cada quien concierne en este mismo tema, siempre y cuando no haga mal a ningún tercero. Una falta de consciencia sería el querer imponerle a alguien mi propia visión de la vida. Respeto pido para mí, y estoy dispuesto a darlo a los demás.

Me he expresado también a favor de la adopción de niños sin hogar por parejas homosexuales. Claro, siempre y cuando las opciones de adopción a través de parejas heterosexuales se hayan agotado. ¿Por qué? Porque es claro que el mundo, en su estado actual, necesita tanta ayuda como sea posible. Por supuesto que el estado ideal para todo niño/niña es vivir con sus progenitores y nutrirse así de las indispensables figuras paterna/materna, masculina/femenina; nadie podría negarlo. Pero antes de juzgar el hecho sin más, debemos hacer algunas consideraciones. Debemos mirarnos a nosotros mismos y descubrir la parte del problema que nos pertenece. Es una hipocresía del mundo heterosexual al que pertenezco, el condenar esas pretensiones de ayuda cuando es precisamente este mundo el que ha originado el problema de los niños sin hogar. Claro, no siempre son pretensiones de ayuda las que vienen de parejas homosexuales, sino caprichos de paternidad/maternidad. ¿Y qué podemos decir de los demás?, ¿cuántas parejas no traen al mundo hijos sin mayor consciencia que la del capricho paternal/maternal (más aún por irresponsabilidad)? Para llegar a establecer un mundo mejor, al cual muchos aspiramos, el traer vida al mismo debería requerir un grado de consciencia superior, y no solo ser la consecuencia de un capricho, o por fluir en la inercia de patrones de vida, o por simple irresponsabilidad; es por ello que los resultados son, hoy día, tan desilusionantes. Además, yo les pregunto a quienes se niegan a que ese tipo de adopciones sean posibles: ¿quieren evitar que parejas homosexuales adopten hijos?, ¿quiénes están dispuestos a adoptar, entonces?, ¿por qué no mejor pensar en que sea innecesario adoptar niños?, ¿cuál es la solución?, trabajemos en promover el valor y el respeto a la dignidad humana, y en especial en lo concerniente a los desórdenes sexuales de todos (en particular de los heterosexuales pues somos nosotros los que engendramos los problemas de los que hablamos), y entonces no habrá más niños qué adoptar; así de sencillo… y de complicado, a la vez. Los hombres, que estamos solo un escalón por encima del reino animal, solemos ser no solo condescendientes, sino que alentamos, por el deseo mal conducido, este tipo de desórdenes sexuales. Lo hacemos desde los grados más simples hasta los más graves, desde la palabra hasta los hechos, por absurda diversión o desenfreno, degradando la sexualidad, a la mujer, y con ello a nosotros mismos. ¿Y después nos rasgamos las vestiduras porque los homosexuales intentan remediar los errores del mismo desorden que alentamos?, ¿no tenemos ojos para ver que un desorden (sin importar el grado) es de la misma naturaleza que el de los niños sin paternidad (y otros tantos más)? ¿Nos espanta menos la proliferación de burdeles, la trata de personas, la pornografía y la prostitución?, y sin embargo nos resulta un pecado contra la familia y la niñez que los homosexuales pretendan adoptar. ¿No es esto hipocresía? En todo caso es mucho más congruente quedarse callado.

Ahora bien, en los últimos meses he leído rumores y noticias de que se pretende llevar a cabo una reforma en materia de ideología de género que pretendería (según los mismos) instaurar dicha ideología en la educación obligatoria (primaria y preescolar, incluso) y en el estatus civil.

No obstante lo que pudiese tener de cierto lo anterior, y que sé que existe mucha desinformación deliberada y mal intencionada en ambos lados de la ecuación, me decidí a escribir el artículo.

Como ya lo dejé claro, estoy dispuesto a respetar las demás formas de pensamiento y sentimiento, siempre y cuando respeten mi libertad y la de los demás. Pero no estoy dispuesto a aceptar una visión de vida (como lo es la ideología de género que he de decirlo, respeto pero no comparto) impuesta como dogma por los demás, porque ello va en contra de mi libertad y de la del resto. Hablando a cualquier comité de la comunidad feminista o gay, que siendo así pretendiese respeto, yo les digo que tienen el derecho a exigirlo; son tan seres humanos como los demás. Tienen derecho a tener su propia visión de la vida y a que ésta sea respetada. A lo que no tienen derecho es a querer imponerla a los demás.  No aceptaré que me impongan a mí, ni a mis hijos, ni los demás, ni a los hijos de los demás, la visión de vida o ideología de ninguna comunidad en particular, sea cual sea esta.

¿Se siente la comunidad feminista o gay afectada por la imposición de alguna visión de vida en particular? Bienvenido sea el debate. ¿Creen que el plan de estudios en las escuelas no es el correcto? Hablando del sistema educativo, a pesar de obsoleto y retrogrado, éste ya se supone laico, lo cual garantiza la ausencia de creencias. Que haya debate científico, pues es el único que podría tener lugar. Y todo el conocimiento científico (no ideológico) que fuese necesario considerar para el sistema educativo, que tenga cabida en el nivel pertinente y adecuado de valoración; y dejar de lado cualquier esfuerzo por inculcar una ideología particular a niños de primaria y preescolar en temas (no solo de genero sino también de sexualidad) que solo conciernen a sus padres y no a los demás. Que cada quien busque educar de la mejor manera a sus hijos que para ello se le concedió dicha potestad.

En cuanto a las normas civiles, tampoco estaría de acuerdo en que en ellas se viesen modificadas por alguna filosofía en particular, y dudo mucho que esa sea la intención, en este momento. En todo caso que el debate científico, que es el único que puede unificar criterios, se lleve también a la instancia civil, sin permitirnos caer en la superficialidad y la vanidad.

El verdadero tema es el respeto y es lo único que se puede y se debe imponer. El respeto es verdad. El respeto permite la vida tanto para uno como para todos. Y a todos aquellos que por dogmas morales o religiosos (que siempre han sido la parte medular del debate) han intentado imponer su visión del mundo a los demás, hay que aprender la lección: nada en absoluto logra la imposición, a lo sumo destruye. La imposición tiene dos caras: la positiva es la que intenta imponer su visión y normas de vida a los demás, mientras que la negativa intenta imponer la prohibición de la visión y normas de vida de los demás.

Los conceptos que tanto rebozan de poder, a los cuales consideramos valores, no son susceptibles de imponerse a los demás; en ese mismo instante los despojamos de toda su fuerza. Los valores se transmiten simplemente por su propio poder, una vez que se convierten en hechos de vida, y estos revolucionan a través de su brillo, al despertar la admiración, respeto y anhelo en los demás.

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