Inicio ingeniería y maquinaria Bienes Raíces desarrollo humano Tecnologías de Información Síguenos en Facebook
  Inicio       Estaciones de radio en tu negocio Heliopsis de Vida revista revista contáctanos  
Apache 39
José Manuel Guerrero Padilla

Contra Escila y Caribdis

José Manuel Guerrero Padilla

revista@apache39.com
Regresar a Revista
Ver otros artículos de esta columna

"Leyendo las Huellas de tu Vida"

Leyendo las huellas de tu vida

¿Hay algo más profundo que el sueño del que normalmente despertamos por la mañana? Sí, sí que lo hay. Existe un sueño muy profundo, tanto, que la gran mayoría vive ignorándolo y pensando que se encuentra despierto. Todo mundo es capaz de aseverar estar en pleno uso de consciencia, desde su más profunda inconsciencia.  La gran mayoría actúa, gran parte del tiempo, dormido; obedeciendo y respondiendo a cualquier estímulo interno o externo y pocas veces a partir de la verdadera esencia de su ser. Pero así suele ocurrir pues apenas abres los ojos a la vida y el mundo comienza su lenta y poderosa labor de adormecimiento, hasta que uno mismo termina por someterse, entregarse y  auto-engañarse, sin siquiera percatarse de ello.

En la vida hay un marcado dilema entre el amor y el temor. Debería ser la tendencia en cada ser humano la de vivir la vida en el sentido del amor, que entre tantas cosas significa apertura; es vivir con ligereza y escapar de esa fuerza de atracción antagónica que es el temor. El ser humano debería poseer una poderosa disposición por vivir, ser original y transparente por naturaleza, pero es presa de la ingente inercia de la vida que es capaz de aplacarlo y sedarlo.

Y es que el mundo está compuesto, en primera instancia, de una densa y pesada capa que suele atrapar y arrastrar consigo al ser humano. Una capa llena de estructuras y paradigmas orientados en el miedo, el egoísmo, el individualismo. Una estructura en la que, fuera del clan, cualquier otro semejante puede representar tan solo un ser lejano, si no es que una verdadera amenaza en potencia.

Siendo niños es cuando nuestro ser se encuentra más libre y dispuesto. Cuando niños es el momento en que los seres humanos, sin tanto conflicto de por medio, poseemos un estado de percepción, claridad y sensibilidad casi inmaculado. Pero con el paso del tiempo el niño aprende a abrirse a la lógica y la mecánica de esta densa capa. El niño termina por aceptar un estado de vida mermado, el cual se pierde en las formas y en los procesos, pues intenta ocultar aquello que lo dejaría totalmente vulnerable ante un mundo egoísta y amenazante como en el que habita: sus sentimientos. Es vivir, desde una muy tierna edad, el dilema del amor y el temor, de ser o dejarse subyugar. El resultado, normalmente es la última de las dos alternativas. Tan solo protegido por una pequeña capa de seguridad interna, familiar y cercana (si es que la hay), capaz de ajustarse a las circunstancias, es que uno sale al mundo a nadar en la corriente, y solo pocas veces, intenta resistirla.

Al paso del tiempo terminamos alejados de nosotros mismos; nuestra esencia queda muy apartada de nuestra mecánica conducta. Vamos perdiendo la fe y la esperanza, que al irse yendo, dejan a nuestro cuerpo envejecer más pronto. Nuestra visión se va limitando poco a poco y entonces las capas de comprensión y por consiguiente de vida más prometedoras, van quedando fuera de nuestra percepción. Permanecemos atrapados en un conflicto constante entre lo que somos, lo que debemos y lo que queremos ser. Intentamos, por temor y por autoprotección, dar una imagen que nos permita la convivencia tolerable y adaptamos nuestro comportamiento y expresión a las necesidades de supervivencia de ese mundo alternativo del sueño profundo. Quedamos atrapados dando vueltas en circulo sobre el mismo plano de esa densa capa.

Terminamos viviendo en un mundo de constantes contradicciones donde, de un minuto a otro, igual bendecimos que maldecimos. Señalamos la paja en el ojo ajeno sin ver nuestra propia viga; demandamos cariño a gritos velados y de pronto actuamos con total indiferencia. Creamos un mundo donde erosionamos y desvirtuamos conceptos como amor, amistad, responsabilidad y libertad. Vivimos un mundo donde somos selectivos con nuestra empatía por el sufrimiento; donde escondemos nuestro profundo miedo detrás de una pesada armadura de cinismo. Decimos amar a Dios y odiamos con saña a quienes son diferentes por serlo, o quienes son cercanos porque sentimos que por ello amenazan nuestro lugar en la existencia; esperamos que nuestros hijos sean felices y nosotros no hacemos el menor intento por buscar nuestra propia felicidad y darles testimonio con ello.

Nuestra condición de autolimitación aprendida, nuestro aislamiento y nuestro miedo a la soledad nos impide el avance. Usamos cantidades enormes de energía para dar un paso tras otro hacia delante, y en ocasiones otros cuantos hacia atrás en nuestro camino por la vida y la interacción con los demás.

Dejamos de movernos y expresarnos con la congruencia esperada (entre el sentimiento experimentado y muchas veces reprimido, y la imagen que por temor intentamos transmitir y/o ocultar), y aún más, no logramos percatarnos de ello ni de que esto quedará expuesto a la percepción, consiente o inconsciente, de los demás… y a la nuestra también…

Llegamos a pensar, desde nuestro estado de sueño, que la interacción y la comunicación que establecemos puede llegar a cumplir con satisfacción nuestros objetivos, incluso hasta los de más baja vibración. Pero es precisamente por esto que la falta de congruencia queda de manifiesto. La comunicación no es en sí las palabras, ni el tono, ni los gestos, ni las muecas, ni los signos; no es solo eso lo que simplemente transmitimos, sino que muy al contrario estamos enviando constantemente y sin descanso vibraciones. Energía que se viste con palabras, gestos, tono y todos esos mecanismos de transmisión. Vibraciones que en la inmensa mayoría de los casos emitimos de manera inconsciente. Vibraciones que nuestros interlocutores, de acuerdo a su nivel de sensibilidad pueden percibir, y de acuerdo a su nivel de congruencia y claridad pueden también llevar a su nivel consciente. Tal y como un estudió grafológico puede dejar al descubierto los rasgos de la personalidad de quien escribe, así mismo nosotros al interactuar y expresarnos nos exponemos de pies a cabeza al escrutinio cuidadoso. Los conceptos no son entendidos solamente por su semántica, sino además por el contexto en el que se circunscriben y por las circunstancias que los llevan a quienes los reciben.

Y he aquí el secreto. Todos, de acuerdo a nuestra sensibilidad, somos capaces de captar las emociones y los sentimientos, a pesar de que no podamos llevarlos hasta nuestro consciente. Pero también podemos comenzar a despabilar esa claridad que tenemos adormecida para, además de captar los sentimientos, ser capaces de interpretar  hasta un buen nivel la verdad y realidad detrás de los signos, llevándolos a nuestro consciente. De esta manera podemos darnos cuenta de las señales que la vida nos trae a través de los demás, y también de las que fluyen a través de nosotros mismos.

Por ello, a pesar de lo profundo del sueño, es posible ir despertando poco a poco. Solo es preciso mirarse a sí mismo con atención y vislumbrar los mensajes y las señales que uno va enviando y recibiendo día con día y a cada instante.  

Nada queda oculto, todo se expone, así deseé uno con todas sus fuerzas esconderlo. Uno transmite fielmente lo que es y lo que siente. Todo ser humano bosqueja la encrucijada que tiene por resolver, a través del contacto y las interacciones con su mundo. La vida te presenta la oportunidad de que puedas leerte “la palma de tu propia mano” a través de lo que haces y lo que dices… de lo que expresas.

Mientras más atento estás a ti mismo mejor te conoces y aumentas, por obvias razones, la claridad en ti. Mientras más claridad tienes, puedes deshacer tus vicios con mucha más facilidad. Comienzas a reconocer los vicios en ti, aprendes acerca del camino tormentoso que los seres humanos seguimos por miedo. Eres capaz de reconocer más rápidamente los enredosos y tergiversados comportamientos y mensajes que se suscitan en el sueño profundo y sus muy predecibles procederes. Puedes comenzar a vislumbrar las verdades y las realidades, las energías detrás de los actos y las palabras. Y lo más importante,  comienzas a percibir las pistas que te marcan el regreso al despertar.

Cuando puedes llegar a percibir con mayor claridad tu realidad interna, y por consiguiente la externa también, puedes avanzar con mucho mayor rapidez y facilidad hacia otros niveles de la realidad mucho más favorables. La verdad es un tren que transporta la vida que está ya lista para el viaje, llevándola a territorios de mayor plenitud y perfección. Literalmente vas dejando un viejo mundo tras de ti mientras avanzas a uno nuevo, en el instante en que comienzas a eliminar lo turbio y confuso de tu vida. Cambias tu realidad, sabes que el engaño es ilusorio e irreal, que prácticamente no existe. Terminas por aceptar que el engaño, simplemente, es miedo a avanzar.

 

Anúnciate con nosotros
 
Heliopsis de Vida
 
La Perruquería de Juanis
 
El Buen Gourmet
 
 
 
 
 
 
 
Escribe tu comentario:
Otros artículos

Las zonas erógenas de tu chico según su signo

8 cosas que tu novio quiere en el sexo, pero no se atreve a decirte

¿Por qué los maridos nos desentonamos?

El tiempo, el recurso de los afortunados

10 tips de belleza para ella... y él

¿Por qué los maridos nos desentonamos?

bipolar

Animales en los Circos

Adán contra Eva

obesidad

 

Escríbenos tu opinión y/o sugerencia

* Nombre de contacto:

Se necesita un valor.

* Correo electrónico: Se necesita un valor.Formato no válido.
Comentarios o preguntas:
* Datos necesarios para enviar la solicitud
Regresar arriba
Apache 39        
Apache 39
Inicio ingeniería y maquinaria radio Síguenos en Facebook  
  Bienes Raíces revista    
  desarrollo humano revista ConstruEquipos AgroIndustriales - Establecida desde 1946
Copyright © 2019 Apache 39. Todos los derechos reservados.
Heliopsis de Vida Tecnologías de Información contáctanos