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Apache 39
José Manuel Guerrero Padilla

Contra Escila y Caribdis - Twoning

José Manuel Guerrero Padilla

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"TWOning  VI : Matrimonio, religión y homosexualidad"

TWOning VI : Matrimonio, religión y homosexualidad

Compré el diario. Me alegré, como de costumbre, de encontrar publicado mi artículo y ahora además en el sitio de Apache 39. Amo compartir mis ideas, más cuando la fuerza que siento en ellas me impulsa enormemente a hacerlo. En las últimas semanas he decidido que el tema de las relaciones de pareja, y sobre todo del matrimonio, sea la materia de mis artículos. Soy consciente de que mis ideas y mi manera de abordarlas puede llegar a ser en muchos casos polémica, a pesar de que no es eso lo que busco sino acercarme lo mas posible a la verdad para poder entender el camino y seguir creciendo. No existe otro motivo de mayor importancia en mi tarea que éste. Sucede también que hojeando el periódico, en sus páginas encuentro la noticia de la marcha en pro de la familia natural y de los niños, así como de la confrontación que ésta tuvo con un grupo pro-homosexual; ¿el motivo de la marcha y la consecuente confrontación?: la inclusión, en la figura legal de matrimonio, de las uniones homosexuales y las posiciones, clara y obviamente antagónicas, de ambos grupos ante el hecho.

En el centro del debate está la moral, la fe y la religión. ¿Y qué hay de mí al respecto? Me pregunto pues he elegido este tema desde hace ya varios meses como motivo de reflexión; el matrimonio, así como el tema espiritual, el cual me ha apasionado durante el transcurso de mi vida. Dentro de las relaciones de pareja, la homosexualidad no me había surgido como motivo de reflexión mayor porque no es una experiencia de vida de la cual pueda hablar con conocimiento. Sin embargo conozco gente homosexual y no encuentro más diferencia entre ellos y yo mismo que el simple hecho de su orientación sexual. Entonces me pregunto ¿qué mal hacen a los demás amando a una persona de su mismo sexo?, ningún mal, es la verdad. Y aunque aparentemente el simple hecho de amarse como pareja, en este caso homosexual (derecho al que obviamente todo ser humano debería tener independientemente de su orientación), no es parte del debate principal, sí lo es en el fondo. Ahora la cuestión se ha complicado (para algunos sectores) al haber sido elevado legalmente ese amor o esa unión, en la relación de pareja homosexual, a un estatus o figura jurídica de matrimonio civil. Mi pregunta sería ¿qué implicaciones o repercusiones negativas para el sector social no homosexual, o para la gente en general, pudiese tener esa medida? El hecho de reconocer algo que existe y darle cabida en un sistema legal; el hecho de reconocer derechos, que no afectan a terceros, a un grupo especifico de la sociedad… ¿cómo podría esto atentar contra la familia natural? En cuanto a la homofobia, debería de tenerse por descontado que la orientación sexual no se decreta por legislación. Más allá de esta circunstancia, he escuchado y leído que la posible adopción de niños (pues es un hecho que un matrimonio homosexual jamás podrá procrear, fruto de su enlace, una familia) es visto como un peligro social. Estoy totalmente de acuerdo en que el escenario ideal para el desarrollo de los hijos/niños es aquel donde existe la figura masculina y la femenina; ese es un ambiente completo y creo que no conlleva ni la más mínima discusión. Sin embargo la realidad del mundo en el que vivimos (y en el cual por cierto una familia nacida en el seno de una pareja heterosexual no es por ese simple hecho ninguna garantía de condiciones adecuadas para el desarrollo) dista mucho de ser el escenario ideal por un sinnúmero de razones.  Incluso a pesar de la falta de la figura femenina/masculina que un matrimonio homosexual no podría otorgar completamente, si podrían en varios casos ofrecer condiciones de amor y paternidad que un niño desfavorecido no tendría en todo caso cuando no tuviese otras oportunidades a su alcance. ¿Es que acaso es mejor para un pequeño/a no tener padres que tener quienes en una mayor cercanía puedan ofrecerle esa clase de amor? Creo que en el fondo existe, aún muy arraigado en muchas personas, esa desconfianza hacia quienes su único “pecado” ha sido sentir diferente a como su biología supone que deberían hacerlo.

Otro tema es el concepto de matrimonio… el uso de la palabra… el nombre. ¿Qué es un matrimonio? Independientemente de la inclusión de las uniones de parejas homosexuales dentro de la figura (concepto) legal de matrimonio civil (y con lo cual no tengo ningún problema), el enlace entre un hombre y una mujer elevado a su máxima expresión, ese amor sublimado a nivel de sagrado es algo poderosísimo en sí mismo por su propia naturaleza. Este enlace logrará siempre, en su mayor potencial, designios extraordinarios como el de engendrar una nueva vida que ninguna otra unión podrá lograr, y eso tampoco está sujeto a discusión. Esa es mi idea de un matrimonio, mi anhelo personal desde mi perspectiva de vida; una unión que más allá de las leyes humanas, y siendo sumamente especial y sagrada en su propia capacidad creadora, logra cumplir con los propósitos más elevados, principalmente con la existencia del amor verdadero de pareja. Esa es, desde mi perspectiva, una concepción que incluso muchos de los matrimonios heterosexuales existentes no llegan a cumplir. Y más allá de los meros asuntos legales, ¿por qué intentar pelear por la exclusividad de una palabra?, en vez de enfrascarte en ese pleito, ¿no es acaso mucho más importante y trascendente el velar por tus propios conceptos y hacerlos verdaderos hechos de tu propia vida (único campo donde tienes derecho y potestad incuestionable)?

Pero aún hay más en el fondo de esta discusión: la perspectiva de la fe y de la religión, y que sobre todo tiene que ver con la condena. En todo ello está lo que la Biblia (considerada por muchos la palabra de Dios) enuncia al respecto. Y sin demeritar en absoluto su contenido y carácter que de sagrado y especial tiene para mi también, debo poner las cosas en el contexto que considero más indicado. Para comenzar me parece increíble e inconcebible que Dios haya decidido “callar” de manera tan trascendente por milenios, dejando como única y máxima guía un libro tanto sagrado y hermoso como cruelmente confuso en algunos pasajes, al cual un grupo muy numeroso de personas han decidido interpretar al pie de la letra (y de acuerdo a la interpretación más primaria de lo escrito) aún después de transcurridos tantos años. Un Dios vivo, como en el que creo firmemente, no dejaría (como estoy convencido de que no lo ha hecho, pues la existencia misma es su voz e imagen) de emitir su mensaje (palabra) a través de su creación, incesantemente, develándose cada vez más de acuerdo a nuestra propia evolución. Sí, Levítico 18:22 menciona: ”No te acuestes con un hombre como si te acostaras con una mujer. Esto es un acto infame”,  o Levítico 20:13, “Si alguien se acuesta con un hombre como si se acostara con una mujer, se condenará a muerte a los dos, y serán responsables de su propia muerte, pues cometieron un acto infame”. Estas fueron algunas de las reglas que Jehová dejó a su pueblo elegido, Israel; reglas que imponían penas tan severas como la muerte en una época tan oscura como lo son algunas de las acciones que el mismo Jehová obliga a su pueblo elegido a llevar a cabo;  Deuteronomio 7:1-2, “Cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra en la cual entrarás para tomarla, y haya echado delante de ti a muchas naciones, al heteo, al gergeseo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo, al jebuseo, siete naciones mayores y más poderosas que tú, y Jehová tu Dios las haya entregado delante de ti, y las hayas derrotado, las destruirás del todo; no harás con ellas alianza, ni tendrás de ellas misericordia”, o como en la 1ª de Samuel 15:3, “Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aún los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos”, por mencionar unos cuantos ejemplos de crueldad. Jehová Dios, que aquí no muestra ni siquiera misericordia, luce en la Biblia, por cierto, muy distinto del Padre bueno que Jesucristo nos viene a mostrar; lleno de amor, misericordia y justicia. También San Pablo habló al respecto en la 1ª de Corintios 6:9-10, “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores heredarán el reino de Dios”. San Pablo fue un gran misionero y un gran ser humano de su tiempo, sin embargo lo fue en una época igualmente precaria y lo fue para cubrir las necesidades espirituales de dicha época. San Pablo formaba parte de aquella primitiva cultura y las revelaciones de las cuales fue depositario tuvieron que diluirse en alguna medida al pasar, por fuerza, a través del filtro de su misma naturaleza humana y cultural. San Pablo transmitió un mensaje justo y congruente de acuerdo a su tiempo y circunstancias de vida.  No obstante el querer juzgar a través de preceptos de hace dos mil años o más, cerrando ojos y oídos a todo lo devenido en el trascurrir del tiempo y la evolución humana es un grave error.

Hablando de los católicos, creo que no pudo haber sucedido mejor acontecimiento para la iglesia que la llegada del papa Francisco; poco a poco ha dado señales de renovación y tengo la esperanza de que siga adelante en el proceso. Me alegro, y lo haré siempre, que los derechos de los demás sean formal y legalmente reconocidos cuando ello no implica daño alguno a nadie. Siempre es importante tener presente todos los creyentes (cualquiera que sea la fe) que el hecho de serlo a nadie nos hace ni infalibles ni mejores que nadie, que ninguna religión o grupo es depositario de la verdad absoluta, y aún más y sobre todas las cosas, que el verdadero Dios es Amor, total e incondicional.

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