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Apache 39
Toño Bárcena

El Guasón y la Botas.

Toño Bárcena

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"¿Por qué los maridos nos desentonamos?"

¿Por qué los maridos nos desentonamos?

De repente vemos a un hombre con cara sombría y a una mujer, presumiblemente su esposa, gritándole que quiere que sea amable con ella y que le conteste.

Una perfecta contradicción de caracteres que nos demuestra una pareja infeliz…

¿Cuántas veces hemos visto o hemos vivido una situación como ésta? Ella luchando rabiosamente contra su “indiferencia”, mientras que él se abstrae de sus “demandas irracionales”.

Pues resulta que hay algunas razones científicas por las que la mayoría de los hombres y la mayoría de las mujeres se comportan de esta manera.
Los psicólogos nos mencionan que las mujeres en su infancia aprenden a leer signos emocionales y a comunicar sus sentimientos, mientras que los hombres en su niñez aprenden a minimizar las cosas; sobre todo las que tienen que ver con vulnerabilidad, culpa, miedo y emociones que los lastimen. Cómo menciona Deborah Tanner en su libro “Simplemente no entiendes”: las niñas tienden a jugar en parejas con otras niñas o en pequeños grupos y enfatizan su relación, mientras que los chicos juegan en grupos más grandes y en sus juegos negocian un status. Luego entonces, si un niño se lesiona durante un partido de futbol, pues los demás muchachos esperan, o que se recupere inmediatamente, o que se haga a un lado y los deje seguir jugando; mientras que las niñas son más propensas a detener el juego y acercarse a la niña que está llorando y ayudarla.

¿Qué sucede? Pues las mujeres entran a una relación/matrimonio preparadas para un rol de gerente emocional y los hombres llegan con poca preparación en la importancia en este punto.

AQUÍ ENTRA LA CLAVE:
No se trata de las diferencias que una pareja tenga en cuanto a puntos como el número de veces que tiene sexo, o como disciplinar a los niños, o hasta cuanto endrogarse y sentirse cómodos con esta situación financiera; de lo que se trata es de CÓMO SE DISCUTEN ESTOS PUNTOS IRRITANTES.

Un signo importante de que tu relación está en problemas es la crítica abrasiva.

Te doy un ejemplo:
- ¿Recogiste mi ropa de la tintorería? – pregunta el hombre.
- Pues ni que fuera tu criada – le reclama la mujer.
- Pues para nada. Si lo fueras, tendrías limpia la casa –

La clave no es quedarse callado, pero decir las cosas de una manera diferente: “Cuando se te olvida recoger mi ropa siento como que no te importo”.

Es decir las cosas de una manera asertiva y no combativa. No es criticar a la persona, sino hablar de la acción en la que no se está de acuerdo.
Si tú estás viviendo en una relación donde alguno de ustedes dos hace caras de desapruebo unas cuatro veces cada 15 minutos, lo mejor es buscar cómo arreglar esa situación antes de que sea demasiado tarde.

Ahora, ¿por qué se da ese silencio sepulcral en la mayoría de los hombres? Es la defensa mayor, empleada generalmente por los hombres y es devastador ya que elimina todo tipo de comunicación y posibilidad de arreglo.
Ahora, ¿por qué se da? Una hipótesis es que cuando los hombres están bajo algún estilo de presión, se inundan de adrenalina y les lleva más tiempo disiparla que a una mujer. Entonces, cuando los reclamos de una mujer llegan a histerizar a un hombre, éste prefiere abstraerse antes que “inundarse” de adrenalina y su ritmo cardiaco baja. El problema es que eso provoca que la mujer se histerice y sea su presión cardiaca la que aumente junto con su estrés.

Al final, el hombre se ve tentado a evitar confrontaciones mientras que la mujer se ve tentada a buscarlas. ¿Captas el círculo vicioso?
Algunos consejos para evitar este tipo de problemas son:

Para los hombres: No evites los conflictos.
Cuando una mujer expresa sus malestares y sus inconveniencias, muchas veces lo hace en un afán de mantener la relación sobre ruedas. Su enojo no necesariamente significa un ataque personal o una insatisfacción de ti.
OJO: los hombres somos expertos en dar soluciones a los problemas. Lo malo es que lo hacemos muy pronto. Muchas veces lo que la mujer quiere es desahogarse y lo que nos pide, sin decirlo, es que la escuchemos; no que la ignoremos o le demos una solución inmediata.

Para las mujeres: Ataca el punto correcto.
Es fácil criticar a la pareja. La recomendación es que establezcas claramente el punto que te causas estrés, en vez de hacer críticas personales y mientras lo haces, también hazlo en un contexto de amor o que demuestra que el amor por la pareja está ahí.

Para la pareja:


No te salgas del tema. No saquemos historias del pasado. Y dense la oportunidad de que cada uno establezca sus puntos.

Mantén la calma.
Si notan que alguno de los dos se está “inundando” de adrenalina, se pide Tiempo Fuera. Y durante ese tiempo fuera, respiren, hagan ejercicio aeróbico o distráiganse sanamente.

Concéntrate en el contenido.
Trata de editar lo que estás escuchando. Enciende tu aplicación cerebral y elimina todo el “ruido”, es decir, la hostilidad, el tono sangrón, los insultos y concéntrate en el mensaje. Algunas veces, esa hostilidad verbal no es un ataque personal, sino una muestra de la frustración y la importancia que tu pareja le da a ese asunto.

Espejea el mensaje.
Esta técnica es muy eficaz si se hace correctamente. Trata de que cuando tu pareja se queje, tú repitas lo que se dijo en tus propias palabras, tratando de capturar no sólo el pensamiento sino el sentimiento con el que viene acompañado. Si se hace correctamente, tu pareja se sentirá en sintonía y sus sentimientos estarán validados.

Empatiza.
Una manera increíble de hacer que a una discusión se le bajen varias rayitas es dejar ver a tu pareja que puedes entender y ver la situación desde su punto de vista. También responsabilízate u ofrece una disculpa en caso de que entiendas y veas tu responsabilidad en el problema. O, al menos transmite el que estás escuchando y que reconoces las emociones de tu interlocutor aún si no estás de acuerdo con el argumento.
Durante los momentos de paz, encuentra esos puntos que verdaderamente aprecias en tu pareja y úsalos como capital en los momentos de guerra para bajar la presión.

Por último, como estas técnicas son muy difíciles de implementar en el calor de la batalla, lo más eficiente es que las practiques en los momentos de paz. De esa manera mantendrás tus discusiones justas y tu matrimonio fuerte.

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